Sunday, April 26, 2015

Sunday, April 26 Anniversary of the Church San Nicolás de Bari GREAT LOVE 1 JOHN 3:1-3

Sunday, April 26
Anniversary of the Church San Nicolás de Bari

great love
1 John 3:1-3
How great is the love the Father has lavished on us, that we should be called children of God! And that is what we are!
1 John 3:1a
Being sons and daughters is a true privilege. Growing up in a physical and spiritual sense under the care of our mothers, fathers or other family members gives us that first sense of community, of the secure and indispensable place that is the family.  The text from John’s epistle that we have read today reassures us that there is a power greater than any other, the love of God that has adopted us as his sons and daughters. Being part of “the family of God” was an unknown concept for the religion of that time.  Even today, the possibilities that God opens to us upon revealing to us that we are a part of His family through his son Jesus, the Christ, have yet to sufficiently soak into us as human beings.

But this privilege, as was to be expected, also brings certain sacrifices. These sacrifices are not found in the form of holocausts or offerings. Instead, they have to do with the ability to commit ourselves to one another in love and in righteousness.  The highest example of such a sacrifice was made by Jesus himself, in his consistent walk toward the kingdom of God.   With such an example to light the way, it would be difficult to err. And yet we need to acknowledge that we often depart from this straight path.  Therefore our prayer to God can be:

Prayer: Lord, forgive me for not being capable enough of responding to your call.  Grant that everything we do be for your glory and honor. Amen.

Aniversario de la IPR de San Nicolás de Bari

Grande amor
1 Juan 3:1-3
Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido
ser llamados hijos de Dios. Y lo somos.
1 Juan 3:1a
El ser hijos e hijas es un verdadero privilegio. Crecer en un sentido corporal y espiritual al cuidado de nuestra madre, padre u otros familiares deviene ese primer sentido de comunidad, de espacio seguro e imprescindible que es la familia. El texto de la Epístola de Juan que hemos leído hoy nos da la seguridad de que existe una fuerza mayor que cualquier otra, el amor de Dios, que nos ha adoptado como hijos e hijas suyos. Ser parte de la “familia de Dios” era un concepto desconocido y renovador para la religión de aquella época. Hasta hoy día, no ha calado lo suficiente en nosotros como seres humanos, las inmensas posibilidades que Dios nos abre al revelarnos ser una familia con él a través de su hijo Jesús, el Cristo.
Pero este privilegio, como era de esperar, también aporta ciertos sacrificios. Estos sacrificios no se encuentran ya en términos de holocaustos u ofrendas. Más bien tienen que ver con la capacidad de entregarnos a otros y otras en amor y en justicia. El sumo ejemplo de tal sacrificio lo protagonizó el propio Jesús, en su consecuente camino hacia el reino de Dios. Con tal ejemplo como lumbrera sería difícil errar. Sin embargo, debemos reconocer que en más de una ocasión nos desviamos de recto camino. Así que nuestra plegaria a Dios podría ser:

Oración: Señor, perdóname por no ser lo suficientemente capaz para responder a tu llamado. Permite que todo lo que hagamos sea para tu gloria y honra. Amén.


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