Thursday, February 2, 2017

Thursday, February 2 THE LORD CHANGES DEFEAT ROMANS 7:14-25

Thursday, February 2
THE LORD CHANGES DEFEAT
ROMANS 7:14-25

For I do not do the good I want,
but the evil I do not want is what I do.
Romans 7:19

This text expresses what I call the true tears of the Christian life. Christians want to please God, and when they cannot, they wail like Paul.

Paul is baring his soul; he is speaking about his experience which is the very essence of the human situation. He knew what was good and he wanted to do it; nevertheless, he wasn’t able to do it. He felt torn in two directions: he felt harassed by that suffering and defeat, the ability to see the good and the inability to do it. He had the ability to recognize evil and that inability to hold back from doing it.  It was like the words of the Roman poet Ovid: “I see the better things, and I approve of them; but I go along with those which are necessary and good.”

God wiped the tears away from Paul’s defeat and he exclaimed Thanks be to God through Jesus Christ our Lord! (Romans 7:25) In Romans 8:1, he becomes victorious . . . There is therefore now no condemnation for those who are in Christ Jesus . . . who walk not according to the flesh but according to the Spirit. And he can say victoriously For me, life is Christ and death is gain.
Triumph has always been pleasing to the human heart. The struggle may be long and hard, but the hope of victory softens it–hope which holds its center in the Lord, which changes the tears of defeat into those of victory. In Him is the victory. Let us trust in Christ and He will give us the victory.

Prayer: Father, wipe away my tears with victory in a winning life. Amen.

Translated by John Potter

EL SEÑOR CAMBIA LA DERROTA
ROMANOS 7:14-25

El bien que quiero hacer no lo hago, y el mal
que no quiero hacer eso hago.
Romanos 7:19

Este texto traduce lo que yo llamo la lágrima propia de la vida cristiana. Los cristianos que quieren agradar a Dios y cuando no pueden hacerlo, gimen como Pablo.
Pablo está desnudando su alma; está hablando de su experiencia que es de la esencia misma de la situación humana. Sabía lo que era bueno, deseaba hacerlo; y sin embargo no podía hacerlo. Sabía lo que era malo, no lo quería hacer; pero sin embargo lo hacía. Se sentía arrastrado en dos direcciones: se sentía acosado por ese sufrimiento de frustración y derrota; esa capacidad para ver lo bueno, y esa incapacidad para hacerlo. Tenía la capacidad para reconocer lo malo, y esa incapacidad para contenerse de hacerlo. Era como decía el poeta romano Ovidio: “Yo veo las cosas mejores y las apruebo, pero sigo las necesarias y buenas”.
Dios enjugó la lágrima de la derrota de Pablo cuando él expresa: Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro (Romanos 7:25). Y entra victorioso en Romanos 8:1: …ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…. Y andan conforme al Espíritu Y puede decir con victoria: Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia
El triunfar ha sido y es siempre grato al corazón humano. La lucha puede ser larga y dura, pero la suaviza la esperanza de la victoria. Una esperanza que tiene su centro en el Señor que cambia la lágrima de la derrota por la de la victoria. En Él está la victoria.  Confiemos en Cristo y Él nos dará la victoria.


Oración: Oh Padre, enjuga mis lágrimas en victoria, en una vida vencedora.  Amén. 

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