Friday,
February 22
OUR SPEECH
JAMES 3:10-13
Out of the same mouth come praise and
cursing.…
James 3:10a (NIV)
We often hear that if
we are not going to say something worthwhile it’s better to remain silent. And
our speaking can destroy or build, depending on how we do it. If we speak
improperly we could destroy the peace and tranquility of someone we know, or
destroy someone’s reputation, or ruin a noble friendship. We don’t know how far
an improper phrase or vulgar word may go.
We are cautioned to
beware the evils of an uncontrolled tongue, and if we follow this advice we
will avoid greater problems. But it is also well to think about the positive
part of our speech. Who of us does not recall with gratitude and affection the
brother or friend who said a helpful word at a difficult time in our life, that
stimulated us and gave us strength to carry on? A friendly and affectionate
phrase can comfort us when we are down and restore confidence and hope when we
have lost them. If we say the right thing, it can restore harmony and peace
where they were lacking, ease the pain, and inspire noble ideals. Of course,
all this can be achieved when our lives are filled with the love of Christ. Our
speech must be the fruit of what is within us. Think about how much good we can
do for others when our speech reflects our Christian life.
Prayer: We pray, Lord, that you
will care for our Christian family. May
our speech reflect your love! Amen.
Translation by George Meek
NUESTRO HABLAR
SANTIAGO 3: 10-13
De una misma boca proceden
bendición y maldición…
Santiago 3:10
Con frecuencia
se nos aconseja que si no vamos a decir
algo que valga la pena es mejor callar. Y es que al hablar podemos
destruir o construir, según nuestra manera de hacerlo. Si hablamos lo que no
conviene podemos alterar la paz y
tranquilidad de algún semejante nuestro, o destruir la reputación de alguien o
arruinar alguna noble amistad. No sabemos hasta dónde es capaz de llevarnos una
frase mal dicha o una palabra vulgar.
Somos dados a
pensar y meditar sobre los males que pueden traer una lengua no controlada, y
hacemos bien en ello, si eso nos ayuda a evitar males mayores. Pero es bueno
pensar también en la parte positiva de nuestro hablar. ¿Quién de nosotros no
recuerda con gratitud y simpatía al hermano o amigo que en un momento
difícil de nuestra vida, nos dijo alguna
frase cariñosa, que nos estimuló y animó para seguir en la lucha diaria? Una
frase amable y cariñosa puede levantar al caído y restituirle la confianza y
esperanza al que la ha perdido. Si hablamos
lo que conviene, puede surgir de nuevo la armonía y la paz donde no lo había, se puede suavizar
el dolor y se puede inspirar nobles ideales. Por supuesto, todo esto se puede
conseguir cuando nuestras vidas están saturadas del amor de Cristo. Nuestro
hablar tiene que ser el fruto de lo que hay dentro de nosotros. Pensemos cuánto
bien podemos hacer a otros cuando nuestro hablar es el reflejo de nuestra vida
cristiana.
Oración:
Te pedimos Señor, que cuides a la familia cristiana. ¡Qué nuestro hablar
refleje tu amor! Amén.
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